Dewey puede ser considerado uno de los pocos pedagogos que
ha tenido una
experiencia de valor extraordinario. Se le ha nombrado como
el representante de la
Filosofía Pragmática, que él denomina Instrumental, y de la
concepción democrática;
sus ideas han recorrido de tal forma el mundo, que puede
considerarse el pedagogo
más influyente de la concepción llamada “escuela activa”.
Para este filósofo la
educación debe tener como fin aumentar la capacidad vital
del alumno; en general, no
debe tener fines trascendentales, no sirve para la vida
adulta, futura, sino para la vida
actual, para que la vaya haciendo más rica y fructífera.
Este autor propone a la escuela como una minicomunidad, o
más propiamente, una
comunidad miniatura, en la que el niño vive más que aprende,
ya que no prepara para
la vida, sino que es la vida misma, solo que se ha
seleccionado y depurado. La escuela
debe ser capaz de conservar la esencia de la vida en
comunidad que el niño tiene fuera
de ella y sobre esa vida crear sus métodos. Estos deben ser
principalmente activos,
emerger del ambiente diario y tener un carácter lo más
espontáneo posible. Por medio
de las actividades manuales se permite la reproducción por
parte de la escuela de las
manifestaciones esenciales de los individuos y se logra que
las personas se puedan
incorporar a la vida social. A pesar de que las materias de
enseñanza son el resultado
de una evolución social, histórica, no se debe permitir que
se alejen de la vida diaria,
deben estar animadas por ella. Su materia de conocimiento no
debe subordinarse a
razones teóricas abstractas, sino que debe estar
al servicio de la vida.
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